Un nuevo viaje solidario a la Línea Sur

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Vecinos de Bariloche integrantes de “Viajes Solidarios” llevaron donaciones a Pilcaniyeu, Comallo, Ñorquinco y Corralito. (Foto: gentileza).

 

Se realizó otro Viaje Solidario Bariloche, el Nº 79, y de cada uno de ellos van quedando anécdotas y encuentros que dan fuerzas para continuar. En esta oportunidad Ángel Piccardo salió rumbo a Ñorquinco; Luis Garrido y el “Ruso” fueron a la Residencia de Jóvenes de Pilcaniyeu, Verónica Zubiri y Néstor Negrete llegaron hasta Corralito y Sussy Trostl, Isidro, y Marcelo Bearzi visitaron Comallo y de regreso el hospital de Pilcaniyeu.

Son miles las personas que han colaborado con donaciones para estos viajes y continúan haciéndolo aunque no se anuncie un nuevo recorrido por parajes de la Línea Sur, por lo que ahora es la misma gente con su apoyo la que impulsa a realizar el siguiente viaje por la enorme cantidad de cosas que se reúnen.

Durante el invierno se hizo un solo viaje porque los caminos de la Patagonia son difíciles de transitar, pero esa ayuda llegó por medio de alimentos y ropa a merenderos de los barrios de Bariloche. Se incentiva a que los vecinos sean quienes visiten estos espacios donde brindan ayuda sobre todo a los más pequeños, porque cuando lo hacen, continúan en contacto permanente y colaborando con estas personas a las que mucho les cuesta seguir adelante.

En el hospital de Comallo los solidarios fueron recibidos por Mirta Ruiz y Elsa Toledo, dos enfermeras que muy agradecidas ayudaron a descargar las donaciones, junto a Mirta Colipi, quien desarrolla tareas de cocina y de mucama.

Ellas, a medida que van viendo las necesidades de la gente que llega, van entregándole abrigo, calzado, incluso medicamentos de los que Sussy revisa detalladamente los vencimientos, antes de cargarlos en su camioneta.

 

Necesidades

 

Desde el hospital de Comallo cubren un área muy grande, Pilquiniyeu del Limay, Laguna Blanca y Anecón Grande por medio de los agentes sanitarios y realizando una visita semanal. Llegando desde un paraje cercano a Piedra del Águila casi hasta Clemente Onelli. Son siete enfermeros que deben cubrir hospital y ambulancias.

Están con algunas necesidades urgentes, una de ellas, aparatos de teléfono para que funcionen de internos y así evitar largas recorridas por el edificio. Hay que tener en cuenta que falta personal y ellas tratan de cubrir todo lo que surge entonces esos teléfonos serían de gran ayuda.

Las instalaciones son muy cómodas y luminosas, ahora cuentan con baño privado y ducha porque las guardias a veces son de más de 16 horas. Tienen una nueva sala de rayos, el esterilizador para gasas se averió por lo que están solicitando otro.

Cuentan solo con dos médicos y hace mucho tiempo venían pidiendo la designación de uno más, ahora les informaron que se sumará una doctora de Bariloche al plantel, pero lamentablemente, el director pidió el pase por lo que continuarán siendo dos.

Otro de los pedidos puntuales han sido 10 metros de caños para cortinas, porque la sala de guardia da al patio y de manera provisoria cubrieron los vidrios con afiches, las telas ya las donó una señora que llegó desde Buenos Aires.

Han pasado un invierno muy duro por la falta de antibióticos para entregar a los adultos e Ibuprofeno para los niños, y aún necesitan líquido para nebulizar.

 

Gente de gran corazón

 

La Ford 100 modelo 81 a veces en los caminos de la estepa sufre algunos desperfectos. En esta oportunidad se pinchó una de las cubiertas, la que fue reemplazada, pero en Comallo había que hacer reparar una para tener de repuesto para el regreso. El sábado por la tarde no se encontraba ninguna gomería abierta. Comentado esto al personal del hospital, Mirta, una de las enfermeras, nos envió a su casa, ya que su esposo se dedica a esos trabajos.

Hasta allí fueron los viajeros y Héctor Huenchucura vio que nada se podía hacer con esa cubierta, pero fue mucho más allá. Entregó la cubierta de su camioneta en forma de préstamo para que cuando se pueda, se la devuelvan.

Sin conocer a la gente de Viajes Solidarios, colaboró de manera totalmente desinteresada, no queriendo cobrar el trabajo realizado. Cuando la cadena de la solidaridad se sigue extendiendo, nada lo puede impedir.

 

Fuente. El Cordillerano (Susana Alegría).

 

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