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Por Jorge Castañeda, escritor de Valcheta

Yo no te quiero Corona Virus. Me estás complicando la vida. Como soy un adulto mayor tengo horarios para salir a la calle. Y hasta se intenta ya que no salga de mi casa. No puedo ir a trabajar como lo hice siempre. Tengo que usar un incómodo barbijo y no puedo ver a mis seres queridos.

Tenés preocupada a mucha gente; la economía no da para más; y el futuro es incierto. Como los habitantes de la ciudad de Nínive al atender el mensaje del profeta Jonás, estamos en cuarentena y vestidos de silicio. Ya no parece ficción la novela de Bioy Casares “Diario de la guerra del cerdo”.

Yo no te quiero Corona Virus porque me estás privando de comprar cosas que los expertos recomiendan: barbijos, lavandina, alcohol, jabón líquido. Y los precios se disparan. Las facturas por servicios no las puedo pagar, porque los Pago Fácil y similares están cerrados y estas empresas no tienen piedad. Y porque soy cristiano y por tu culpa no puedo asistir a los cultos.

No te quiero porque no puedo ver a mis hijos, nietos y seres queridos. No puedo salir a caminar por mi pueblo como antes. No puedo reunirme con mis amigos. Y en especial no te quiero porque a tus infectados se los trata como leprosos. Porque algunos políticos y autoridades nos dan malos ejemplos.

Pero a pesar que sos invisible y letal en mi provincia, no te tengo miedo.

Yo no te quiero Corona Virus, pero tampoco te temo. Porque sé que haciendo caso a nuestras autoridades te pondremos en retirada y serás tan solo un mal recuerdo.

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Por eso me lavo las manos frecuentemente, salgo a comprar lo más espaciado posible, uso el barbijo aunque me moleste, uso el alcohol en gel, no publico notas alarmantes y brego para que cada vez se critique menos y se ayude más y que la gente se entienda con la gente.

Yo no te quiero Corona Virus porque tu presencia en las redes sociales se ha desatado más mortal que tus atributos. O sea que se pelean cuando hay mucha gente que la está pasando muy mal.

No te quiero porque algunos politizan el tema y otros ofenden a Dios. Se sabe los que mucho baten la lengua, poco piensan. Y en estos casos más que nunca el silencio es salud.

Pero hay algo notable: En estos momentos somos más fraternos, nos acordamos más de Dios, convivimos con nuestras familias más tiempo, leemos más y damos más importancia a las pequeñas cosas de la vida.

Yo no quiero que entres a Valcheta, porque es un pueblo de gente buena y trabajadora. En las entradas del pueblo las autoridades están alertas para no dejarte entrar, porque acá no tenés nada que hacer.

Yo, escribo, leo, aprovecho el tiempo en lo que me conviene, siempre tengo fe y me recuerdo la frase de Miguel de Cervantes que quiero compartir: “todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas, porque no es posible que el bien ni el mal sean durables, y de aquí se sigue que habiendo durado mucho el mal, el bien ya está cerca”.

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