Vero y «La Loba»: aventuras de una veterinaria en la Línea Sur a bordo de una vieja camioneta

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Como la F-100 del pulpero en Las Grutas o la de Ely en Chipauquil, Verónica Herrmann y su chata de los ’60 son famosas en la zona. 

Con ella llega a los campos para campañas de vacunación, asistir partos y curar al ganado. También se moviliza en otras dos camionetas de su padre, fana de esos vehículos. Él la acompañó hasta que se hizo baqueana, ahora lo hace su hija.

Verónica Herrmann y su hija Victoria a bordo de una antigua camioneta en los caminos de la Línea Sur.

Cuando está en su local de Valcheta, Verónica Herrmann, que tiene 33 años y hace 10 que es veterinaria, parece tan sumisa como algunas de las mascotas que atiende. Sin embargo, cuando le toca hacer las recorridas por los campos de la zona, aborda las camionetas Ford de su papá y demuestra que es todoterreno, como esos fierros que maneja desde los 12 años, y ya son parte de la familia. 

En los caminos de la Línea Sur.

Es que desde que regresó a su pueblo convertida en profesional, esos vehículos se convirtieron en sus aliados. Y le permitieron darle a su labor la “vuelta de tuerca” que necesitaba. Ocurre que la mujer, que se crió en el campo, no se veía atendiendo animales de compañía de manera full time. Y las “camios” con las que jugaba de chica fueron los puentes que la conectaron con lo que más disfruta de su trabajo: asistir grandes animales y liderar campañas de vacunación de ganado vacuno

Hoy, a bordo de “La loba” (una F100 doble cabina azul modelo 60’) de “La Colorada” o de otra doble cabina blanca (ambas F100 modelo 66) recorre los caminos que separan su pago de localidades y parajes vecinos como Ramos Mexía, Sierra Colorada, Sierra Pailemán, Los Berros, Chipauquil, Yaminué y Treneta. Todos lugares ubicados en la Línea Sur, en el paisaje pedregoso y desértico que impone la Meseta de Somuncura.

Postal de los campos de la Línea Sur.

Por eso, su “Loba” o cualquiera de sus otras ‘camios’ son tan famosas en la zona como “La Descarriada” de Ely Curuyán, la comisionada de fomento del paraje Chipauquil, que con su Ford F100 lleva leña y alimentos a 90 familias que viven lejos de todo. Y ambas, como el pulpero de Las Grutas, tienen en sus viejos vehículos los aliados perfectos para las duras tareas que realizan a diario. 

“Mi papá, Juan, es ganadero en Chanquín, un paraje que está a 15 km de Valcheta. Por eso me crie en el campo, y desde chica me apasionaron los animales. Al terminar el secundario no lo dudé y me fui a estudiar veterinaria a La Pampa. Volví a los 23, y a partir de ahí comenzó mi vida profesional. Y esas camionetas con las que aprendí a manejar de chiquita me salvaron. Porque gracias a ellas puedo hacer lo que me gusta, y llegar a lugares a los que no accedería” contó Verónica. 

Una salida de hace tres años, con la pequeña Victoria. Atrás, «La Loba».

Sus recorridas son intensas. Porque, con los años, se convirtió en la mano derecha de los pequeños productores que, para vender o mover a sus animales hacia otros campos, deben cumplir con las exigencias que impone el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa). 

En la Mesera de Somuncura.

“Las vacunaciones obligatorias son una vez al año, pero siempre surgen consultas por partos, inseminaciones o alguna enfermedad, tanto del ganado como de algún caballo” relató la mujer. 

La misma pasión. Victoria tiene 6 años y sigue los pasos de su madre.

En esas largas recorridas por huellas pedregosas y a veces inexploradas su papá, Juan, fue su copiloto en muchas oportunidades. “Al principio me acompañaba siempre, pero después me puse baqueana al volante y aprendí a conocer los caminos que llevan a los campos y empecé a andar sola. Aunque disfruto mucho de los viajes que compartimos. Y ahora se sumó mi hijita, Victoria, que insiste en acompañarnos” confió la veterinaria, risueña. 

Tesoro de colección. El padre de Verónica es fana de las Ford F-100 de los ’60.

La nena, de 6 años, ya siente fascinación por esos vehículos con los que su familia atraviesa todo tipo de obstáculos. “Para ella venir es toda una aventura. Pero no siempre puedo llevarla porque algunas huellas son difíciles y el volante se pone pesado, sobre todo después de un día de asistir a grandes animales, con los que tenés que hacer mucha fuerza” confesó. 

Sin embargo, está acostumbrada a las duras faenas.  Será porque en su sangre lleva esa fuerza que le transmitieron sus abuelos, que fueron inmigrantes alemanes.

“Viajaron desde su país a Buenos Aires, luego estuvieron en Misiones y finalmente se afincaron en Chamquín, donde nació mi papá” recordó. 

Ellos también le dieron una ‘vuelta de tuerca’ a sus vidas, porque en su Alemania natal su abuelo era banquero, y aquí se convirtió en agricultor, al igual que su esposa. “

Para mí dejar la comodidad de la veterinaria siempre fue más fácil. Me subo a ‘La Loba’ y sé que todos los caminos de la Línea Sur me están esperando” finalizó Verónica, entusiasmada. 

Fuente: Diario Río Negro (Vanesa Miyar)

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